tiburon blanco  Tiburón blanco tiburon blancoEl gran tiburón blanco (Carcharodon carcharias) es una especie de tiburón lamniforme que se encuentra en las aguas cálidas y templadas de casi todos los océanos. Esta especie es la única que sobrevive en la actualidad del género Carcharodon.
  • Nombre Científico: Carcharodon carcharias
  • Familia: Lámnidos
  • Orden: Lamniformes
  • Clase: Condrictios
  • Identificación: Enorme cuerpo de color gris marrón con el vientre blanco.
  • Tamaño: Longitud de 3,5-3,6 m (hasta 4,5 m) en los machos y 4,5-5 (hasta 6,5 m) en las hembras; valor máximo, 7 m.
  • Peso: Más de 1.200 kg los ejemplares normales, aunque el mayor ejemplar medido tenía una longitud de 6,6 m y pesaba 3.312 kg.

Características

  • CABEZA: Con forma de torpedo, la cabeza culmina en un gran hocico cónico, bajo el que se encuentra la boca, la cual está bordeada de blanco. En la parte superior, un par de agujeros conectan a través de sendos conductos con el oído interno, muy sensible. Dicha estructura posee también el sistema vestibular una serie de canales semicirculares que proporcionan el sentido del equilibrio.
  • OJOS: Su disposición a cada lado de la cabeza proporcionan un gran campo de visión.
  • LIBREA: A pesar de su nombre, los colores predominantes son el gris azul parduzco y el marrón pizarra por encima, aunque el vientre sí es blanquecino.
  • DIENTES: Tienen forma triangular y casi simétrica (a diferencia de otros marrajos), y son muy grandes, sin cúspides laterales y con los bordes serrados, siendo más anchos los de la mandíbula superior. Su filo es tal que pueden cortar una hoja de papel como lo haría una navaja. No presentan desgaste porque se van desprendiendo y reemplazando continuamente, de manera que a lo largo de toda su vida el tiburón blanco puede desarrollar miles de dientes.
  • AMPOLLAS DE LORENZINI: Muchos tiburones poseen numerosos poros superficiales, sobre todo en la parte cefálica, que esconden una complicada estructura sensorial: están conectados pro medio de canales (bien aislado y llenos de una sustancia conductora de la electricidad) a una pequeña cámara interior (la ampolla) tapizada de células pilíferas y electrorreceptoras. Las ampollas de Lorenzini suelen estar agrupadas y constituyen el sistema electrosensorial -el sentido más mistorioso- capaz de detectar los campos eléctricos de bajísima intensidad que poseen los seres vivos.
  • HENDIDURAS BRANQUIALES: Cinco grandes hendiduras paralelas abarcan por completo cada lado del tronco.
  • LINEA LATERAL: Está formada por una serie células pilíferas sensibles capaces de detectar los pequeños movimientos del agua causados por sus presas.
  • ALETA CAUDAL: A diferencia de la mayoría de tiburones, pero como los marrajos y otros lámnidos, no presenta los lóbulos muy distintos, si bien el superior es algo más largo. Esta aleta caudal casi simétrica es el auténtico propulsor)del tiburón blagco, actuando las demás a modo de timón o como estabilizadores.
  • PIEL: Está recubierta pro innumerables dentículos dérmicos.

Alimentación

Superdepredador

Tiburoncazando.jpg  Tiburón blanco Tiburoncazando

El blanco es el mayor de los tiburones depredadores y su esqueleto cartilaginoso reduce mucho su peso en comparación con el óseo de la mayoría de peces, consiguiendo una notable mejora de la flotabilidad. Todo ello –unido a su musculoso cuerpo hidrodinámico- convierte al tiburón blanco en un acróbata marino temible. Tiene una longitud máxima de 6 m., siendo el mayor de los tiburones depredadores. Un récord histórico de 11 m se piensa que pueda existir alguna hembra vieja que se acerque a los 10 metros.

Su dieta habitual incluye todo tipo de peces, tortugas y calamares, aunque puede alimentarse de casi todo lo que se mueva dentro del agua y cuyo tamaño merezca el esfuerzo de capturarlo, atreviéndose incluso con otros tiburones y posiblemente también con ballenas yequeñas. Entre)las excepciones)están los tiburones mayores y las ballenas, así como las aves marinas y las nut{ias marinas, qum son cazadas pe{o no ingeridas. Detecta a sus yresas con el oílo y el olfato desde lejos, con la vista cuando está cerca y con la sensibilidad eléctrica en el último instante.

Para encontrarse con ellas patrulla sin descanso porque para respirar necesita nadar constantemente. También caza focas, leones marinos, otros pinnípedos de gran tamaño y ocasionalmente cetáceos (sobre todo delfines). En las áreas donde estas presas son abundantes, el tiburón blanco con frecuencia desestima presas pequeñas porque para saciarse debería capturar muchas y, además, son más escurridizas. Prefiere grandes animales que le obliguen a pocos ataques y que le permitan permanecer luego un largo período de tiempo sin comer.

La técnica de ataque

Cuando se acerca a una presa, la boca del tiburón se abre mucho y toda la parte cefálica sufre una gran transformación: el hocico se dobla hacia arriba, la mandíbula superior (muy flexible) se proyecta hacia delante, los dientes se extienden hacia fuera. Los ojos, muy vulnerables pro su proximidad a las fauces de una víctima que se debate entre la vida y la muerte, se protegen. Algunas especies giran el globo ocular hacia atrás, mientras que muchas otras poseen un artilugio muy eficaz: una membrana blanquecina se cierra como una persiana para salvaguardar el sentido de la vista.

En consecuencia, en el momento del ataque el tiburón no ve a su víctima. De hecho, el impulso de la aceleración final le lleva directo a ella y para las maniobras finales se guía pro las ampollas de Lorenzini, que le informan de la situación de la presa en base a su campo bioeléctrico. Cuando ésta es pequeña la engulle sin más, pero recordemos que el tiburón blanco también caza leones marinos e incluso enormes elefantes marinos de una tonelada de peso y más. En este caso, utiliza una estrategia que consiste en realizar un fortísimo mordisco a la víctima y rápidamente soltarla. El mordisco puede ser incapacitante o directamente letal para la presa; en todo caso, el escualo volverá a la carga, pero sin prisas, ya que la presa –tocada y soltando un {astro de sangre- generalmente no puede escapar.

Comportamiento

Asociación con otros peces

Los tiburones en ocasiones no atacan a sus vecinos, pudiendo permanecer junto a ellos por mucho tiempo. El mejor ejemplo de esta buena convivencia lo tenemos en las rémoras o peces ventosa. Su morfología proporciona un indicio de la antigüedad de la relación: la aleta dorsal anterior se ha transformado, a lo largo de la evolución, en un disco adhesivo.

La adherencia que proporciona es tan potente que algunos pescadores indígenas atan una cuerda a la cola de las rémoras para capturar luego los peces (o incluso tortugas) que se adhieren. Asegurada de esta forma, sigue al escualo en todos sus desplazamientos y en cuanto tiene ocasión procede a rastrear su cuerpo a la búsqueda de pequeños organismos parásitos que se adhieren sobre todo en la boca, las agallas y las aletas. Así pues, el tiburón obtiene limpieza y desparasitación, mientras obtiene que la rémora obtiene transporte, protección (nadie se acercará al escualo) y posiblemente restos de comida del tiburón, además del propio recurso que representan los parásitos.

A veces interviene un tercer animal: el pez piloto, llamado así porque antiguamente se prensaba que guiaba al tiburón. Da estas sensación por a menudo nada delante de él, muy cerca de la cabeza; pero parece que lo único que hace es aprovechar la onda de avance que produce el hocico. Que no moleste a sus “asociadas” rémoras es comprensible, pero aún no se sabe por qué el tiburón no se come al pez piloto.

Los tiburones “durmientes”

En principio, los tiburones deben nadar constantemente para que la circulación del agua por sus branquias les proporcione el oxígeno necesario para respirar. Sin embargo, el tiburón nodriza es una excepción, ya que suele descansar de día cerca de la costa. Asimismo, también se han visto grupos de tiburones tigre y tiburones de arrecife de puntas blancas descansando entre las rocas sobre el fondo marino. A veces una corriente marina facilita la respiración y en ocasiones se ha comprobado que el agua presenta una mayor concentración de oxígeno, lo que, además de favorecer la respiración, podría tener un efecto “narcotizante” del agrado del escualo.

En estas condiciones el tiburón parece “entrar en trance” y puede pasarse largo tiempo sin comer aunque una presa se pasee por delante de su boca; de hecho, apenas reacciona a los estímulos externos: ni ataca ni huye. Algunas áreas en que se ha observado ese comportamiento se caracterizan por mezclarse el agua del mar con agua dulce que aflora filtrándose desde el fondo, lo cual puede hacer que los parásitos se aferren con menor fuerza y resulte más fácil extraerlos; de hecho, las rémoras se muestran muy activas, limpiando meticulosamente al escualo.

Los tiburones tienen muchas conductas peculiares, que los biólogos todavía no han explicado: algunos emigran a zonas muy alejadas sin conocerse el motivo, otros desaparecen por completo en ciertas épocas, mientras que otros, como el pez martillo, forman espectaculares bancos, concentraciones que se supone están relacionadas con la reproducción. En algunas poblaciones estudiadas sólo se ven ejemplares de un sexo en un grupo, y las hembras de algunas especies apenas se han visto nunca. El cortejo y apareamiento se ha observado algunas veces. Es un encuentro único, más bien violento: el macho muerde una y otra vez en el costado de la hembra. Esto ha permitido explicar porqué la piel de las hembras es el doble de gruesa que la del macho.

Depredadores

La ballena orca puede constituir una amenaza para los tiburones blancos que aún no son adultos. El 4 de octubre de 1997 en las aguas que bañan las islas Farallon (triangulo rojo) ocurrió un ataque de una orca hembra de 6′ 50 metros conocida por los científicos como ca2 contra un tiburón blanco inmaduro de 3 metros de longitud, durante el cual el tiburón murió. Pero el tiburón blanco cuando esta completamente desarrollado carece de enemigos o depredadores, sólo cuando es joven puede ser atacado por las orcas o por tiburones mayores. No hay ningún caso documentado de ataque de orca contra un tiburón blanco adulto.

Distribución

El tiburón blanco vive sobre las zonas de plataforma continental, cerca de las costas, donde el agua es menos profunda. Es en estas zonas donde la abundancia de luz y corrientes marinas genera una mayor concentración de vida animal, lo que para esta especie equivale a una mayor cantidad de alimento. Sin embargo, están ausentes de los fríos océanos ártico y antártico, a pesar de su gran abundancia en plancton, peces y mamíferos marinos. Los tiburones blancos tienen un avanzado metabolismo que les permite mantenerse más calientes que el agua que les rodea, pero no lo suficiente como para poblar estas zonas extremas.

Áreas con presencia frecuente de tiburones blancos son las aguas de las Antillas Menores, el Golfo de México hasta Florida y Cuba y la Costa Este de Estados Unidos desde allí hasta Terranova; la franja costera de Rio Grande do Sul a la Patagonia, la del Pacífico de América del Norte (desde Baja California hasta el sur de Alaska, donde llegan en años anormalmente cálidos) y del Sur (desde Panamá a Chile); archipiélagos del Pacífico como Hawaii, Fiji y Nueva Caledonia; Australia (con la excepción de su fachada norte, siendo abundante en el resto), Tasmania y Nueva Zelanda, siendo muy frecuente en la zona de la gran barrera de coral; norte de Filipinas y todo el litoral asiático desde Hainan hasta Japón y la isla de Sajalín; Seychelles, Maldivas, Sudáfrica (donde es muy abundante) y las zonas cercanas a la desembocadura de los ríos Congo y Volta; y la fachada costera desde Senegal a Inglaterra, con agrupación apreciable en las islas Cabo Verde y Canarias, penetrando también en los mares Mediterráneo y Rojo. En éstas últimas zonas es donde la presencia humana, manifestada a través de la sobreexplotación pesquera y la contaminación de las aguas, han reducido considerablemente la distribución de esta especie. A pesar de ello, parece que persiste en el área alguna zona de cría, como por ejemplo la del Estrecho de Messina. Ocasionalmente, esta especie puede alcanzar también aguas de Indonesia, Malasia, el Mar de Ojotsk y la Tierra del Fuego.

Normalmente se mantiene a una cierta distancia de la línea costera, acercándose sólo en aquellas zonas con especial concentración de atunes, focas, pingüinos u otros animales de hábitos costeros. Igualmente, suele permanecer cerca de la superficie, aunque ocasionalmente desciende hasta cerca del kilómetro de profundidad.

Hábitat

Su hábitat predilecto es epipelágico, es decir, que se encuentra en alta mar, generalmente desde los 0 m hasta los 250 m de profundidad (alguna vez baja hasta los mil metros), pero muestra preferencia por la superficie. También le gusta rondar por la plataforma continental y en ocasiones se acerca mucho a la costa.

Sentidos

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Las terminaciones nerviosas del extremo frontal, antes mencionadas, recogen la menor vibración ocurrida en el agua y guían al animal hasta la posible presa que esté causando esa perturbación. Otros receptores (conocidos como ampollas de Lorenzini, unas células especializadas con una forma similar a la de minúsculas “botellas”) situados en torno a los orificios nasales, le permiten captar también campos eléctricos de frecuencia variable que probablemente use para orientarse en sus migraciones a través de largas distancias. Por si esto fuera poco, su olfato es tan potente que la presencia de una sola gota de sangre a kilómetros de distancia sirve para atraerlo, al tiempo que se vuelve mucho más agresivo. La vista tiene menos importancia, pero también está bien desarrollada y tiene un papel muy importante en la aproximación final a la presa y su peculiar modelo de acecho y ataque desde debajo de la misma.

Estado de conservación

Debido al amplio rango de distribución de esta especie, es imposible saber el número de tiburones blancos que existen, aunque sea de forma aproximada. No obstante, su baja densidad poblacional, unida a su escasa tasa de reproducción, su larga infancia y su baja esperanza de vida hacen que el tiburón blanco no sea un animal precisamente abundante. La pesca deportiva de este tiburón, sin interés económico alguno, se ha incrementado en los últimos 30 años debido en gran parte a la popularidad de películas como Tiburón (Steven Spielberg, 1975) hasta el punto de que se la considera amenazada o en peligro de extinción en varios lugares.

La Lista Roja de la IUCN incluyó al tiburón blanco por primera vez en 1990 como especie insuficientemente conocida, y desde 1996 lo hace como vulnerable. El II Apéndice del Convenio CITES lo incluye como especie vulnerable si no se explota racionalmente.

Las medidas de conservación deben aplicarse obligatoriamente sobre las poblaciones en libertad, ya que la cría en cautividad del tiburón blanco es imposible, debido probablemente al acusado carácter nómada de la especie (se tienen datos de individuos visitando alternativamente las playas de Sudáfrica y Australia, a 22.000 km de distancia). El único ejemplar que ha llegado a ser exhibido vivo en un edificio fue una hembra joven llamada Sandy, que vivió durante tres días del mes de agosto de 1980 en el Acuario Steinhart de San Francisco. Tras sólo 72 h de cautiverio, Sandy tuvo que ser liberada después de que dejara de comer y se provocase graves heridas al chocar repetidamente contra una de las paredes de su recinto. Posteriormente se descubrió que lo que atraía a Sandy hacia ese lugar en particular era una minúscula diferencia de 125 microvoltios (millonésimas de voltio) de potencial eléctrico entre esa pared y el resto de las del acuario. La intensidad del campo eléctrico que Sandy detectaba era tan pequeña que pasaba desapercibida para cualquiera de los otros animales que se encontraban en el mismo tanque de agua, incluidos varios tiburones de otras especies.

Por ahora no existe ninguna moratoria legal internacional sobre la pesca del tiburón blanco, aunque ésta está prohibida en algunas áreas de su distribución. El tiburón blanco es una especie protegida en California, la Costa Este de Estados Unidos, el Golfo de México, Namibia, Sudáfrica, Maldivas, Israel y parte de Australia (Australia Meridional, Nueva Gales del Sur, Tasmania y Queensland). La Convención de Barcelona lo considera una especie amenazada en el Mediterráneo, pero casi ningún país con salida a este mar ha dispuesto medida alguna en favor de su conservación.

El tiburón blanco y el hombre

Aunque cueste creerlo por la leyenda urbana tan intensa en contra, los ataques de tiburones contra seres humanos son bastante raros. Dentro de éstos, los del tiburón blanco se pueden considerar anecdóticos si se comparan con los del tiburón tigre (Galeocerdo cuvier) o el tiburón toro (Carcharhinus leucas), el último de los cuales puede incluso remontar grandes ríos (Misisipi, Amazonas, Zambeze etc.) y atacar a las personas a varios kilómetros del mar. No obstante, las muertes causadas por estas tres especies en su conjunto son inferiores a las provocadas por Serpientes marinas y cocodrilos cada año, e incluso menores que los fallecimientos ocasionados por animales tan aparentemente inofensivos como abejas, avispas e hipopótamos. Se considera que es más probable morir de un ataque al corazón en alta mar que por el ataque de un tiburón.

En palabras del biólogo Douglas Long, en EE.UU. (cuya Costa Oeste es el hogar de una importante concentración de jaquetones) “muere más gente cada año por ataques de Perros que la que ha sido muerta por tiburones blancos en los últimos 100 años” [1]. Para zonas donde la presencia del gran blanco no es tan abundante, los ataques alcanzan números realmente irrisorios: por ejemplo, en todo el Mediterráneo sólo se han confirmado 31 ataques de tiburones contra seres humanos en los últimos 200 años, en su mayoría sin resultado de muerte. Para España, la cifra es de 4 ataques desde mediados del siglo XIX (aunque la ISAF sólo reconoce dos como suficientemente probados[2]) sin que ninguno de ellos acabase con la vida de la víctima. En estos dos últimos casos, las cifras ni siquiera se refieren a los ataques del tiburón blanco en particular, sino al conjunto de todas las especies de tiburones. De acuerdo con algunos investigadores estadounidenses, la cifra de ataques de tiburones blancos a nivel global entre 1926 y 1991 sería de 115, siendo California, Australia y Sudáfrica quienes registraron más. Resulta bastante ilustrativo el que en las aguas sudafricanas, infestadas de tiburones, la cifra de ataques de tiburones blancos desde 1940 sea de sólo 29 frente a las 89 agresiones protagonizadas por tiburones toro. En California se contabiliza alrededor de una víctima mortal por ataque de tiburón blanco cada cinco años.

Esta escasez de ataques, sobre todo mortales, se debe a que la mayoría de los tiburones en general y los blancos en particular no consideran a los humanos como auténticas presas potenciales. De hecho, es posible que el sabor de la carne humana les sea incluso algo desagradable, y desde luego que les resulta mucho menos nutritiva y bastante más difícil de digerir que la de ballena o foca, provistas de gran cantidad de grasa. La gran mayoría de ataques del tiburón blanco consisten en un único mordisco, tras el cual el animal se retira llevándose pocas veces algún trozo de la infortunada víctima (principalmente pies y piernas). Estos ataques se pueden deber a tres posibles razones:

El tiburón no ataca a la víctima con intención de comérsela, sino porque la considera un intruso en su actividad diaria al que interpreta como una amenaza potencial. Por ello, la mordida y posterior retirada no sería más que una simple aunque desproporcionada “advertencia”. El animal se siente confuso ante algo que nunca ha visto antes y no sabe si es comestible o no. Por tanto, el fugaz ataque es una especie de “mordisco-prueba” con el que intenta hacerse una idea de si le conviene alimentarse en el futuro de ese nuevo elemento en su mundo. El posible gusto desagradable y complicaciones digestivas posteriores impulsarán al tiburón a no cazar humanos después de esta experiencia. El tiburón confunde a la víctima con su comida habitual. En este caso se explicarían muchos de los ataques contra bañistas y surfistas en California, por ejemplo, ya que cuando se ven desde abajo resultan bastante parecidos a un león marino que sale a respirar aire o que se desplaza a toda velocidad cerca de la superficie del agua. Los ataques registrados contra pequeñas embarcaciones pesqueras y de recreo podrían explicarse como confusiones entre éstas y los cuerpos de cetáceos de tamaño medio o elefantes marinos muertos a la deriva. Dada la naturaleza del ataque, la víctima humana muere en raras ocasiones durante el mismo. Cuando lo hace, la mayoría de las veces es por la pérdida masiva de sangre, que debe evitarse de inmediato. La liberación de sangre en el agua puede atraer también a otros tiburones y peces carnívoros de diversas especies que pueden verse impulsados a realizar sus propios “mordiscos de prueba”, para desgracia de la víctima.

Con todo, el peligro de ataque existe siempre, por remoto que sea. Resulta interesante el hecho de que el 80% de las muertes causadas por tiburones blancos ocurrieran en aguas muy cálidas, casi ecuatoriales, cuando la mayoría de estos animales vive en zonas templadas. Esto se debe probablemente a que la gran mayoría de tiburones blancos son jóvenes y crías, que necesitan de las aguas templadas para su desarrollo, mientras que en las zonas más cálidas sólo se adentran los individuos más grandes y viejos, que son mucho más violentos y peligrosos.

Se han diseñado y ensayado varios métodos para evitar las heridas por mordedura de tiburón blanco en caso de un ataque repentino, entre las que se encuentran repelentes químicos, cotas de malla metálicas que se superponen a los trajes de buceo y aparatos que generan un campo eléctrico en torno al buzo o surfista y desorientan a cualquier tiburón que se aproxime, ya que perturban la información que éstos reciben a través de las Ampollas de Lorenzini. Sin embargo, y por muy efectivos que puedan ser estos métodos, es evidente que lo mejor a la hora de evitar ataques es no cometer imprudencias como alejarse demasiado de la costa, nadar en solitario o en las primeras y últimas horas del día, visitar zonas con gran abundancia de pinnípedos (base alimenticia de los tiburones blancos adultos) o, evidentemente, acercarse de forma deliberada a un ejemplar, sobre todo si es de tamaño considerable.

Bibliografía

http://es.wikipedia.org/wiki/Carcharodon_carcharias

http://rie.cl/?a=29378

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