El puma o león de montaña, león o pantera (Puma concolor), es un mamífero de la familia Felidae, nativo de América.
El puma es un gran felino solitario, vive en más lugares que cualquier otro mamífero salvaje terrestre en el Hemisferio Occidental: se extiende desde el Yukón, en Canadá al sur de los Andes de América del Sur. El puma es adaptable y generalista, por lo que se encuentra en los principales biomas de toda América. Es el segundo mayor felino en el Nuevo Mundo, después del jaguar, y el cuarto más grande del mundo, después del tigre, el león y el jaguar, aunque está más emparentado con los pequeños felinos. Como cazador y depredador de emboscada, el puma persigue una amplia variedad de presas. Su principal alimento son los ungulados como el ciervo, en particular en la parte septentrional de su área de distribución, pero también caza especies tan pequeñas como insectos y roedores. Prefiere hábitats con densa vegetación durante las horas de acecho, pero puede vivir en zonas abiertas.
Pese a su gran tamaño, similar en promedio al del leopardo, el puma es un félido de gran elegancia y esbeltez. Contribuyen a ello el cuerpo alargado, la cabeza pequeña, el cuello largo y la cola también larga con respecto al cuerpo. Pero la elegancia de sus formas no impide que el felino sea un temible cazador, superior en agilidad e incluso en fuerza a algunos de los miembros del género Panthera.
Los félidos
Los félidos se separaron del tronco común de los carnívoros hace unos 35 millones de años, pero la radiación que dio origen a los géneros actuales ocurrió en épocas geológicas más recientes, hace unos 10 millones de años. El género Pseudaelurus, que según algunos zoólogos constituye el grupo basal de esta familia, se diversificó rápidamente, dando félidos con dientes de tipo cónico por un lado (similares a los de las especies actuales) y tigres de “dientes de sable” por el otro. Estos últimos eran los de mayor tamaño; entre sus representantes más conocidos estaban Dinofelis y Machairodus (en África y Eurasia) y Nimravides (en Norteamérica).
Aparición del puma
Hace unos cinco millones de años, mientras los tigres de dientes de sable todavía ejercían su dominio en Europa occidental, en el otro extremo de Eurasia aparecía Neofelis -género al que pertenece la actual pantera nebulosa-, inaugurándose así el linaje de los actuales penterinos. El puma, que pese a su adscripción al género Felis pertenece a este heterogéneo linaje, apareció en Norteamérica hace unos 300.000 años y se extendió por Sudamérica poco después.
Aunque los estudios de taxonomía molecular parecen indicar que el subgrupo de los panterinos que comprende al puma se diferenció de la rama que luego condujo a los géneros Neofelis y Panther hace unos ocho millones de años, no se sabe a ciencia cierta cuáles fueron sus ancestros. Con el registro fósil disponible, es difícil saber si el puma tiene un ancestro común con el enorme Felis inexpectata que vivió en Norteamérica hace más de un medio millón de años, o con una forma extinguida de guepardo (Miracinonyx trumani), que también habitó en el continente americano durante el Pleistoceno.
El puma es un animal extraordinariamente adaptable, el puma frecuenta todo tipo de hábitats, desde bosques de montaña hasta humedales, praderas y zonas subdesérticas, pasando pro las pluvisilvas tropicales de llanura que a menudo debe compartir con el jaguar. Incluso en Canadá y Estados Unidos, donde este animal ha quedado relegado sobre todo a zonas montañosas, cañones y otros terrenos rocosos, todavía ocupa, sí bien en menor número, una amplia gama de hábitats, desde marjales y bosques de ribera hasta densos bosques de coníferas. Capaz de trepar y de nadar aunque prefiere siempre la tierra firme, el gran felino se encuentra igualmente a sus anchas en estos variados hábitats siempre que disponga de un suministro de agua dulce y de cobertura suficiente para mantenerse oculto mientras caza.
Aunque en el norte y en el sur de su área de distribución, el puma suele vivir en zonas rocosas y utilizar una cobertura mineral -desprendimientos, grandes bloques rocosos, etc.-, en muchas otras se conforma con un tapiz vegetal (contra el que su uniforme pelaje no le camufla de un modo tan efectivo). La coloración parda tampoco es un gran camuflaje cuando el puma se desplaza por la nieve, pero aun así sorprende como el flexible y esquivo felino aprovecha todas las anfractuosidades del terreno para mantenerse oculto.
Por lo demás, la nieve puede ser un elemento poco menos que constante para muchas poblaciones de este félido que no sólo ocupa los extremos boreal y meridional del continente, sino también las grandes alturas. En California, por ejemplo, el rango altitudinal del puma se extiende hasta los 3.350 m como mínimo; en Ecuador, el félido llega hasta 4.500 , e incluso se han encontrado huellas a 5.800 m de altitud en el sur del Perú.
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El puma es el mamífero que, con la única excepción del hombre, ocupa el área de distribución más extensa en el continente americano. Pese a la caza indiscriminada de la que ha sido objeto durante siglos, el gran félido unicolor todavía puede encontrarse -aunque siempre muy raro- en una amplia franja que se extiendo desde el centro de la Columbia británica hasta los 51° sur -como mínimo- en el sur de Chile y Argentina. Y si, bien en Norteamérica el puma prácticamente ha desaparecido al este del Mississipi, en México, en América Central y del Sur, por el contrario, continúa habitando en gran parte de los territorios que ocupaba antiguamente. El puma sigue siendo perseguido con ahínco en los lugares más poblados, así como en los frecuentados por el ganado y, por consiguiente, sólo se encuentra en las zonas más remotas y escarpadas.
Pero en varios lugares de Norteamérica, como pro ejemplo California, estado que le brinda protección rigurosa desde 1990 -excepto cuando se trata de individuos muy problemáticos-, no es raro que el gran félido aparezca en la periferia de poblaciones como Hayward, Richmond y Berkeley. Paradójicamente, Norteamérica es también la parte del continente donde el puma ha sufrido la mayor reducción en su área de distribución original. Así como antaño esta especie ocupaba la totalidad de Estados Unidos y las zonas contiguas de Canadá, hoy su último bastión al este del Mississipi son las remotas marismas del sur de Florida.
Como la mayoría de félidos, el puma es un animal solitario que evita el contacto con sus congéneres. Todos los estudios efectuados hasta la fecha muestran que cada individuo vive en su propio territorio y que los únicos momentos de coexistencia son el brevísimo período de cortejo y reproducción y el período, mucho más prolongado, durante el cual la hembra cría a su prole. La comunicación se efectúa sobre todo por señales visuales y olfativas.
Los machos puma marcan con sus garras el suelo o la nieve a intervalos regulares, depositando a veces orina o heces en las depresiones así creadas; también marcan los troncos de los árboles, y tanto ellos como las hembras rozan las ramas de árboles y arbustos para impregnarlas con su olor. Entre las vocalizaciones de ambos sexos se incluyen gruñidos, seseos y silbidos como de pájaro, pero nunca verdaderos rugidos porque, contrariamente a los grandes felinos del género Panthera, el puma tiene un hioides osificado que le impide rugir.
Aunque los pumas pueden aparearse en cualquier época del año, en varios puntos de su extensa área de distribución tienden a hacerlo en fechas concretas. Los pumas del norte de Argentina, por ejemplo, suelen aparearse de mayo a julio, en tanto que los de a Patagonia tienden a hacerlo al final de este período o en agosto (de este modo, los nacimientos tendrán lugar durante la primavera austral). Análogamente, en Canadá y el norte de Estados Unidos, donde la mayoría de los nacimientos tiene lugar a fines de invierno o a principios de la primavera boreal, los apareamientos suelen producirse de octubre a enero.
El celo o estro de la hembra puma, que puede tener varios ciclos estrales consecutivos, dura de 9 a 11 días. Como en otros félidos, la ovulación se produce por estimulación sexual, tras los breves apareamientos que se repiten con frecuencia durante las aproximadamente dos semanas en que conviven ambos sexos. Durante el apareamiento, que no tarda más de un minuto, la hembra permanece tumbada en el suelo mientras el macho la mordisquea en la nuca. Terminado el fugaz período en que ambos sexos permanecen juntos, la hembra vive y caza sola durante los tres meses de gestación. Cuando se acerca el momento del parto, busca en su territorio un refugio seguro en el que pueda dar a luz a sus crías, cuyo número suele ser de tres o cuatro, si bien puede oscilar desde una hasta seis.
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